Estamos llamados a guiar a la gente, principalmente a los creyentes nacidos de nuevo, hasta el punto en que puedan actuar eficientemente bajo los principios bíblicos de fe, amor, sanidad, prosperidad, redención y justicia, y también puedan compartir esos principios con otras personas. La Palabra de Dios debe ser la primera prioridad y la máxima autoridad.